Las gafas de sol

Oscuras compañeras, gemelas comunicantes, protectoras solares, negras sombras,…
Así son las gafas de sol, grandes acompañantes en el bolso de una mujer (y si es guapa, mejor), complemento estético sin rival, y arma capaz de aumentar la belleza de una mirada. También los hombres las llevan a veces, pero no es nada, nada comparado con lo que puede hacer en el bello rostro femenino.
En la nueva belleza contemporánea, las gafas de sol parecen ser complementos inseparables de belleza. Y si no, solo hay que ver las revistas, aunque solo sea su portada, para darse cuenta del valor que las gafas de sol tienen a la hora de tomar una buena instantánea, una buena fotografía digna de aparecer en estas revistas, o, sin ir tan lejos, los que estamos metidos en redes sociales, sabemos el predominio en el uso de las gafas de sol en las fotografías propias de ese fenómeno social moderno llamado “postureo”.
Pero no todas las gafas de sol son iguales. Están las negras, las de toda la vida, pero que tienen diferentes formas: cuadradas, redondas, rectangulares, ovaladas,… incluso graduadas si tienes problemas de la vista. Además, ahora se han puesto de moda estas gafas que se dicen llamar “polarizadas” (una herejía para muchos), por lo que ahora las gafas de sol pueden ser azules, rojas, amarillas,… si bien tienen el mismo fin que las gafas de sol tradicionales. Son algo así como sus primas díscolas que en algún momento de su vida cogieron un camino equivocado y acabaron de una manera un poco rara.
Pero el destino final de todas las gafas de sol siempre es el mismo: acaban guardadas en algún lugar oscuro de una desordenada habitación, buhardilla, trastero o almacén, reutilizadas por las nuevas generaciones cuando hay una moda de tipo “vintage” o tiradas en algún sucio contenedor, lugar en el que, como en el purgatorio, las gafas de sol esperan pacientemente el momento de su muerte, momento en el cual pueden ocurrir dos cosas, en función de sus creencias: o bien asisten a su destrucción total, o bien resucitan, mediante el proceso conocido como reciclaje.

Simón de Eiré

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15 thoughts on “Las gafas de sol

  1. Para mi las gafas de sol han sido ese complemento que aún teniéndolo, nunca le he sacado verdadero uso. Recuerdo que hace unos cuatro años me compre unas RayBan tipo aviador y quitando ese verano (2 meses), ya no las he vuelto a usar nunca. Como dices en el articulo, las acabe guardando y ya nunca las he vuelto a ver. A saber por donde estarán…
    Buen artículo!

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  2. me encantan las gafas de sol, colecciono y soy de gustos algo particulares en cuanto a éstas
    para mí esconden un poco de misterio al esconder mis ojos que dicen los demás hablan más que mi boca

    saludos!

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  3. Ah, las aviator… Aunque parezca mentira ese fue el primer contacto con la moda vintage que tuve. No entendía que jóvenes de mi edad se gastarán una media de 150 euros en ese tipo de rayban que tantas veces había tirado al hacer limpieza entre las cosas de mi padre. Unas gafas tan grandes en momentos en los que las gafas deportivas pequeñas, ligeras y de línea agresiva predominaban. Luego llegaron estas gafas con cristales color gasoil cuya montura no puede ser más ochentera. Y las llevan los que van de modernos. El fenómeno hipster ataca. Yo mismo me veo más guapo con una barba y unas gigantescas aviator, lo cual me lleva a la ambigua conclusión a que cuanto más tape mi cara, más guapo soy.

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