Los lobos de la rabia

(Adaptación literaria hecha a partir de este artículo de La Voz de Galicia: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/lemos/2014/02/23/ataque-dos-lobos-rabiosos/0003_201402M23C4991.htm)

La siguiente historia es tan real como aterradora:
Chantada (Lugo, Galicia, España), 1880. Una pesadilla invade a esta localidad y a su comarca. La pesadilla tiene forma de lobo. Un lobo con hidrofobia, un lobo con la rabia. Y no fue una pesadilla precisamente corta, los vecinos de la comarca asistieron a un clima de miedo y terror a partes iguales que duró cinco meses. Todo comenzó en junio de 1880, cuando un lobo rabioso muerde a varias personas y les infecta el virus de la rabia. Una de esas personas, un joven de 22 años, acaba muriendo. Fue la primera de las catorce víctimas mortales de una historia de terror que aún acababa de comenzar. El miedo se apoderó de los vecinos: el ganado se quedaba en las casas, no se comía ni carne ni leche, y los instrumentos de trabajo del labrador, ahora eran imprescindibles como armas defensivas mínimas, y si uno tenía una escopeta, mejor. Así, los vecinos iniciaban el primer contraataque: el primer lobo fue liquidado entre dos vecinos que cortaron su cabeza a golpe de macheta.
Empezaba a caer la noche, y una niña y su madre marchaban para su casa después de trabajar. En el camino apareció, de repente, la temida fiera, que sin piedad se abalanzó sobre la niña, inoculándole con su mordedura el temible virus. Los vecinos que acudieron a su auxilio sólo pudieron espantar al animal. En un mes, el virus se cobró la vida de esta niña. A un labrador que volvía a su casa después de un entierro también le sorprendió otro lobo. Con valentía y coraje, el labrador lo esperó con una escopeta en la mano con la que batir a la fiera. A poca distancia, iba a disparar, pero el infortunio hizo que la escopeta no funcionase, y el lobo se ensañó con él.
Hubo muchos más episodios, como el del lobo que le propició más de treinta mordeduras a una mujer, que le afectaron a la cara, al cuello y a un brazo, o el de aquella fiera que le sacó un ojo a un vecino de la villa. Y los animales tampoco se libraron de las dentadas de los lobos: vacas, caballos y cerdos, todos muertos. No fue hasta el mes de septiembre cuando se organizaron las primeras batidas. Un primer ejército de 7000 hombres fue a la caza de aquellos lobos. Pero las primeras batidas fueron un desastre a nivel organizativo, si bien al final se acabaron haciendo unas cacerías bien organizadas.
No llegaron buenas noticias hasta el mes de noviembre, cuando aquel mal que agitó a la comarca remitió poco a poco. Y como es frecuente en estos casos, la clase política del momento, en vez de intentar que tal hecho no pudiese volver a repetirse, se limitó a hacer promesas y a pronunciar una serie de buenas intenciones que nunca se cumplieron. No hubo interés por hacerlo. Y desde luego, ni las víctimas ni sus familias recibieron dinero alguno. Algún individuo de la época, al tener conocimiento de los hechos, dijo: “Esta es la suerte ordinaria de Galicia”.

Simón de Eiré

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