Una serie de catastróficas desdichas (II)

Como os iba contando, me ocurrieron una serie de catastróficas desdichas. Después de sentirme un objeto por primera vez en mi vida, me cabreé. Total, que la chica estirada me había tocado la moral. Así que me puse a flirtear a lo bestia con la otra chica. Por supuesto, intentaba hacerlo de manera que la chica estirada siempre se diera cuenta. Soy un cabrón. En fin, un par de días más tarde, otro de estos nuevos amigos decidió hacer una comida en su piso. Esta vez, prevenido como estaba, le dije a mi madre que no sabía cuándo volvería, e hice bien, porque me quedé día y medio. Después de comer estábamos animados y nos dijimos: ¡Vamos a dar un paseo! Total que cogimos los coches y visitamos un precioso faro y unos acantilados que daban vértigo.
Y una bodega. Aquí empieza lo malo. Compramos vino, volvimos al piso y lo abrimos. Ya sabéis eso de que el alcohol afloja la lengua. Pues me enteré, de que el chico que había organizado la comida y su compañero de piso, no eran amigos, si no novios. No sé por qué, pero me entró la vena tontorrona. Me sorprendió mucho, no me lo esperaba. Nos acabamos el vino y sin cenar ni nada, decidimos salir de fiesta. De camino a los pubs yo iba comiéndome las uñas pensando: ¿Si él es gay, cómo se que no lo soy yo?
Además, eso se me junto con lo de que la chica estirada solo me quería para el vicio y la otra lo único que hacía conmigo era coquetear. Al final pasó, como siempre, lo que tenía que pasar.
Yo estaba apoyado en la barra de una discoteca, tambaleándome tras los tres chupitos de licor tostada que me acababa de tomar. De pronto, surgido de la nada, apareció un chico bajito, con una larguísima barba puntiaguda teñida de rojo. Empezó a coquetear conmigo y yo me dije: ¿Por qué no?
Lo empujé hasta una esquina y nos empezamos a besar. Me agaché, le agarre el culo. Entonces él me dio la vuelta, de manera que quedé con la espalda apoyada en la esquina. Pude ver entonces como se acercaban a mí las dos chicas en discordia. Cada una se acercaba desde un punto distinto. Tenían fuego pintado en los ojos y nada se interponía en su camino. Llegaron hasta nosotros, agarraron al pobre barbarroja de la camisa y lo apartaron a un lado. Entonces llegaron las bofetadas. Plas, plas. Primero la mejilla derecha y luego la izquierda. Empezaron a gritar y yo no conseguía entenderlas. Se giraron y se empezaron a gritar entre ellas. Luego se pusieron a llorar y se abrazaron. Lo último que me dijeron fue: ¡Lárgate de aquí cabrón!
No he vuelto a saber nada de ellas. Nunca más me llamaron. A día de hoy, tantos meses después sigo sin entender lo que ocurrió. Yo no tenía nada con ninguna de ellas. Supongo que esto es lo que les pasa a los chicos cuando se meten entre dos amigas del alma.
Por increíble que parezca, desde que conocí a esa gente, hasta que me llevé esas bofetadas solo pasaron dos semanas. Dos semanas de catastróficas desdichas y de nuevo solo y aburrido, como siempre.

Orson López

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41 thoughts on “Una serie de catastróficas desdichas (II)

  1. Lo siento por eso. Toma un montón de tiempo decidirse a cambiar la rutina, intentar dejar de estar solo y armarse de valor para salir a lo desconocido. Tienes mucha mala suerte. Pero por el lado bueno, estar otra vez en tu zona de confort y dejas atrás el drama.

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  2. Como bien han dicho en el primer comentario, hay momentos en los que más vale intentar cambiar la actitud sobre cómo vemos las cosas que nos suceden o rodean. Yo también he pasado momentos duros en los últimos meses, y lejos de venirme abajo, he intentado cambiar mi forma de ver las cosas y puedo asegurar que la táctica me ha funcionado.

    Muy curioso todo lo que te ha pasado amigo. Gracias por compartirlo 🙂

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  3. Vaya historia…. Acabo de llegar a tu blog, y he leídp esta entrada primero…he seguido leyendo ( me ha gustado) y me he encontrado con la primera parte, jeje. Menuda situación….
    La vida nos pone ante situaciones comprometidas muchas veces, lo importante es el aprendizaje, lo que nos enseña y lo que queremos aprender en cada uno de nuestros pasos. Ahora mismo le daré para seguirte y poder leer lo que vas publicando.
    Gracias por leerme a mí. Un saludo y a seguir caminando y aprendiendo!

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  4. No he podido evitar morirme de la risa!!! Jajaja. Las tias habrian pensado que eras gay y que las habias engañado…pero menudas semanas las tuyas jajaja. Un saludo
    Jhennyalvarez

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  5. Hola! Soy Sarai de Publi Fiction. Decirte que suelo entrar en tu blog, aunque hasta ahora no me había atrevido a crear el mio. Me gusta lo que haces y por eso he decidido nominar a tu blog al Premio Dardos. Una iniciativa creada por y para blogueros que solo pretende dar mayor visibilidad a las bitácoras que lo merecen. He publicado un post en mi blog con el protocolo a seguir para acceder al premio y poder colocar el distintivo oficial del mismo en tu sitio web. Enhorabuena! Un abrazo gigante! https://publifiction.wordpress.com/2015/01/12/mil-gracias-publi-fiction-gana-el-premio-dardos/

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  6. a mí igual me habría dado rabia que alguien no sé, con el que coquetié o algo así se estuviera besuqueando con un hombre, eso hiere profundamente el orgullo femenino (ojo, sin ser homofóbica) te sientes de lo peor, mal físicamente, poco atractiva
    eso fue lo que detonó la rabia de ambas chicas

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  7. Vaya, qué historia más entretenida, está muy bien relatada, no sé si sea o no una experiencia personal, pero tiene un inicio que abre la curiosidad, una trama que debe ser muy habitual para los chicos y un desenlace inesperado. ¿Qué más?
    ¡Saludos!

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  8. Los humanos somos complicados, no me atrevería a decir que un sexo más que el otro.
    Si que tengo claro que a veces, un falso orgullo herido nos convierte en crueles, muchos años después de mi primera separación decidí casarme de nuevo. Gestionar el divorcio de mi primera esposa fue un calvario. No por los sentimientos frustrados que tal vez volvieran si no por las trabas que aquella mujer, diecinueve años después volvió a ponerme. Mi hija (de ella), se estuvo riendo durante meses no dando crédito a esa tardía venganza.

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    1. Menuda situación… lo que se cuenta en esta entrada no es nada comparado con lo que nos cuentas. Esperamos que al menos hayas podido arreglar la situación, tener paz en tu vida y ser feliz de la manera en la que tu consideres que es la felicidad

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      1. Si, bueno. Ya se arregló. Sin embargo costó más tiempo del necesario, nunca estaba en casa para recibir al abogado que necesitaba una firma.

        Lo que quería explicar con el ejemplo, es que a veces, la mente humana se enroca en actitudes que tal vez no eran las de la primera opción o las más amables. En tu escrito te llevaste dos tortas, igual dadas por la sorpresiva frustración de quien hubiera preferido encontrarte en otros brazos (o labios), más comprensibles dadas sus esperanzas.
        Un saludo.

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