Una verdadera amistad (II)

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(…) Pero cuando se produjo aquella reunión casual de Gonzalo, Antonio y Pablo en aquellos tres pupitres, las cosas comenzaron a cambiar. Antonio mandó a la mierda a esa gente, a Pablo le costó algo más, pues él no lo veía, no veía su situación, no veía el cambio hasta la universidad, había perdido la esperanza, pero Antonio le ayudó, le abrió los ojos, le dijo la realidad sobre su situación y le dio una esperanza: le invitó a unirse a aquel incipiente grupo que estaba formando fuera del colegio. Aunque hubo dificultades, al final Pablo se acabó integrando en aquel grupo al que Antonio le había invitado. Por su parte, Gonzalo también le ofreció su amistad a Pablo, que aceptó con mucho gusto. Supongo que para Pablo fue un cambio trascendental, cambió su actitud, ahora estaba feliz: era la primera vez en su vida que tenía amigos de verdad. Aquel GAP fue la salvación para aquel chico tímido e introvertido que era Pablo.
Desgraciadamente, el GAP duró poco tiempo, Gonzalo y Antonio se enfadaron, pero Pablo pudo continuar su amistad con los dos, si bien es verdad que por cauces diferentes. Con Gonzalo hablaba casi individualmente, mientras que con Antonio, la integración en aquel grupo le trajo todas las amistades que iba a conocer antes de irse a la universidad. Fue una época gloriosa para Pablo. Aprendió a socializarse, a hacer amigos y, en general, a hablar con la gente. Aunque hubo muchas incorporaciones y también muchas bajas, Antonio y Pablo siguen actualmente en este grupo, que sigue siendo su pandilla de amigos por excelencia. Y llegó la universidad, y Gonzalo, Antonio y Pablo, aunque actualmente están estudiando en la misma ciudad, siguieron caminos algo distintos, si bien es cierto que mantuvieron su amistad, hasta el día de hoy.
Hoy, Pablo escribe esta historia y estas líneas con varios propósitos: primero, agradecer y rememorar la labor que Gonzalo y Antonio hicieron por él, segundo, demostrar que la marginación es un acto de extrema crueldad, pero que se puede remediar, tercero, demostrar que, a pesar de que hay muchas personas malas, también existen buenas y muy buenas personas, y cuarto, expresar con hechos el verdadero y más puro significado de las palabras “amistad” y “amigo”. Sí, amigos, hay esperanza contra la marginación, sólo hay que seguir buscándola.

Simón de Eiré

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