Creencias religiosas en el Egipto antiguo y arte (I)

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Las cosmogonías. Definición

La palabra cosmogonía es una palabra de origen griego, derivada de la palabra griega formada por los términos kosmos, gignomai y el sufijo –ia, que significan “mundo”, “nacer” y “relativo a”, respectivamente. Por tanto podemos decir que la cosmogonía, desde un punto de vista filosófico, sería el conjunto de teorías religiosas y míticas que pretenden explicar el origen, organización y evolución del universo a través de relatos mitológicos. Los egipcios fueron de los primeros pueblos de la Antigüedad en preguntarse sobre el origen del universo y del mundo. Es muy probable que los relatos que conforman la cosmogonía del antiguo Egipto tuviesen origen en el Bajo Egipto, concretamente en la zona del delta del Nilo, en época predinástica, pues en aquellos tiempos, la zona del Delta estaba mucho más avanzada socioculturalmente que el Sur y, por lo tanto, estaría preparada para poder tener un cuerpo de sacerdotes que elaborasen relatos mitológicos que explicasen el origen del mundo. La cosmogonía en el antiguo Egipto está caracterizada por una tendencia a la agrupación, a la dualidad y a la simetría, por lo que podemos apreciar un equilibrio de contrarios, normalmente asociados con deidades. En el antiguo Egipto, había diferentes cosmogonías a nivel local, pero las más importantes son las de los centros religiosos de Heliópolis, Hermópolis, Menfis y Tebas. Las cosmogonías de estos centros religiosos sobresalieron sobre el resto por la importancia política de estas ciudades y el poderío del clero local. Sin embargo, a pesar de las diferencias a nivel local, todas las cosmogonías del antiguo Egipto tienen elementos en común:
a) El “Océano Primordial” o Num: Es un paralelismo con el Nilo. Es el lugar donde nacen los dioses y uno de los elementos purificadores y creadores de la vida.
b) La “Colonia Primigenia”: Es el lugar donde se creó la vida, representado por las zonas inundadas por la crecida del Nilo. Es un paralelismo con el calendario egipcio y el periodo de las cosechas, pues en estas zonas, la acción del Nilo, aportando agua y fertilizantes naturales y la acción del Sol, hacían nacer las cosechas, y por lo tanto, la vida.
c) El Sol, como otro de los elementos necesarios para la creación de la vida y el desarrollo de los seres vivos.
d) Los diferentes fenómenos naturales, representados por diferentes deidades.

La idea que nos aportan estas cosmogonías es la de diferenciar el tiempo del caos del pasado, y el orden presente, del cual el faraón era el responsable de mantenerlo.

Cosmogonía de Heliópolis

Según la cosmogonía de Heliópolis al principio sólo existía el agua primigenia. El sol Atum, una de las formas de Ra, el sol del atardecer, se autocreó y de su saliva, según unas fuentes o de su masturbación, según otras, hizo surgir a Shu, dios del aire, y a Tefnut, diosa de la humedad, quienes, a su vez, engendraron a Geb, dios de la Tierra y Nut, diosa de los cuerpos celestes. Shu separó a Geb y a Nut, quien dió a luz 4 hijos: Osiris, Isis, Seth y Neftis. Estos nueve dioses conforman la famosa Eneada de Heliópolis.

Cosmogonía de Hermópolis

Según la cosmogonía de Hermópolis, sus dioses eran anteriores al mismo Sol. La formaban 4 parejas de divinidades: Nun y Naunet, que representaban las aguas primordiales; Kuk y Kauket, que representaban las tinieblas; Heh y Hehet, representantes del espacio infinito; y una última pareja que, según algunos era Nia y Niat, representantes de la vida o Tenemu y Tenemet, representantes de lo oculto; esta última pareja fue sustituida, posteriormente, por Amón y Amonet, que representaban el principio de lo misterioso. Las cuatro parejas engendraron un huevo, de cuyo interior surgió el sol, Ra, según unas fuentes, o Thot, dios de la sabiduría, según otras, ya que era el dios principal de Hermópolis. Según la cosmogonía de Hermópolis, el caos está formado por una materia líquida en la que se encuentra el germen de la vida. Del agua surge la colina primordial y empiezan a separarse los diferentes elementos. Sobre la colina surge el huevo del que nacerá el Sol.

Cosmogonía de Menfis

Según la cosmogonía de Menfis, fue el dios Ptah el creador de todo: Atum, todos los dioses de la Eneada de Heliópolis, los animales, la tierra, el hombre, etc., y siguiendo el procedimiento de Heliópolis.

Cosmogonía de Tebas

La cosmogonía de Tebas es una fusión de las cosmologías anteriormente mencionadas, en la que Amón es el dios supremo. En esta cosmología, Amón adopta cualidades de diferentes divinidades, entre ellas, destacan las cualidades solares tomadas de Ra, que hacen que se pase a llamar Amón-Ra.

Otras cosmogonías

Existen tantas cosmogonías como ciudades. La mayoría de ellas están basadas casi en su totalidad en las cosmogonías de los principales centros religiosos anteriormente mencionados. Un ejemplo de este tipo de cosmogonía sería el de Esna, adoptados ya en época greco-romana.

Tríadas de dioses

Las tríadas de dioses están formadas por el tándem padre-madre-hijo. Normalmente el padre es el dios supremo de cada cosmogonía. Estas triadas aparecen reflejadas en los relatos de las cosmogonías de las diferentes ciudades egipcias. Podemos mencionar diferentes tríadas de dioses:
-Tríada de Tebas: Conformada por Amón-Mut-Khonsu (o Jonsu).
-Tríada de Menfis: Conformada por Ptah-Sekhmet (o Sejmet)-Nefertum (o Nefertem)
-Tríada de Abidos u Osiárica: Conformada por Osiris-Isis-Horus.
-Tríada de Ajmín: Conformada por Min-Repit-Kolanthes.
-Tríada de Dendera: Conformada por Horus-Hathor-Ihy
-Tríada de Elefantina: Conformada por Jnum-Satis-Anukis.

La momificación

Se denomina momificación a los métodos a través de los cuales se deseca un cadáver para evitar su descomposición. En Egipto, el proceso de momificación fue muy sofisticado, especialmente cuando el cadáver a embalsamar era el del faraón, un miembro de su familia o una persona rica. En época de Herodoto (V a.C.), existían tres tipos de embalsamiento: uno de ocho tratamientos sobre el cadáver, otro más económico de tres y finalmente, uno de dos para los más pobres. El proceso de momificación se realizaba a los dos o tres días después de la muerte. El cuerpo se llevaba a los embalsamadores, que solían trabajar a orillas de Nilo, ya que necesitaban agua para trabajar. Se lleva el cuerpo a una mesa de piedra, madera o incluso alabastro, cuyas patas y su decoración tomaban la forma de león. También se utilizaban otras mas pequeñas para depositar temporalmente los órganos del difunto. Se lavaba el cuerpo y se procedía a la extracción del cerebro. A continuación, los órganos internos: el estómago, los intestinos, los pulmones y el hígado. Estos órganos se envolvían en un paño de lino, y finalmente se acaban depositando en los llamados vasos Canopos, representados por los hijos de Horus: Duamutef, de chacal (estómago), Qebehsenuf, de halcón (intestinos), Hapy, de mono (pulmones) y Amset, de apariencia humana (hígado). El corazón se dejaba dentro del cuerpo porque no debía separarse de su cuerpo, pues era el lugar donde residían los sentimientos, la conciencia y la vida. A continuación el cuerpo era cubierto con natrón, una sal que lo desecaba. Este tratamiento duraba entre 35 y 40 días, de forma que el cuerpo al estar totalmente deshidratado, ya no se descomponía. Se rellenaba utilizando limo o serrín procedentes del Nilo o especias. Después se cosía, y a veces, lo cerraban con lino, una placa de cera o tratándose de un rey, con una chapa de oro. Se lavaba con agua del Nilo y se ungía con bálsamos aromáticos. Y ya se podía vestir al difunto. Después de eso, el cuerpo se envolvía en vendas de lino, a veces con resina, mediante un ritual en la que un sacerdote que portaba una máscara del dios Anubis, y recitaba unas fórmulas de encantamiento. Se empezaba vendando los dedos uno por uno, las extremidades y por último el resto del cuerpo. Los brazos podían ponerse estirados a lo largo del cuerpo, o se cruzaban en el pecho en posición osiriaca. Se terminaba con la cabeza. Entre los vendajes se introducían amuletos y tiras de lino que recogían textos del Libro de los Muertos. Sobre el pecho se colocaban las imágenes de los cuatro hijos de Horus, los dioses protectores de los órganos internos. La cabeza de la momia se cubría con una máscara pintada, y en el caso de momias reales, la máscara funeraria podía ser de oro, como la encontrada en la momia de Tutankhamon. Finalmente, la momia se introducía en uno o varios sarcófagos de madera o de piedra que se encaban unos con otros y se entregaba a la familia para comenzar con los ritos funerarios. Según las creencias egipcias además del cuerpo el hombre se componía de 2 elementos espirituales, el ba, concepto similar al alma, y el Ka, una especie de doble del cuerpo. La muerte representaba la separación del elemento corporal y los espirituales. Pero el ka no podía “sobrevivir” sin la presencia del cuerpo, de ahí que durante años se desarrollasen técnicas precisas de conservación, conocidas como embalsamamiento. El proceso de momificación tenía como objetivo el mantenimiento del cuerpo para la propia existencia del Ka. Encima de las vendas se ponían los sarcófagos, destinados más que al intento de que el difunto fuese reconocido en el Más Allá, a servir como sustitutos del cuerpo en caso de destrucción de la momia, y como protección de los vendajes, evitando su destrucción. Junto con el difunto se colocaban figurillas, denominadas ushebtis destinadas a servir al difunto. El cortejo funerario, una vez que el cadáver estaba preparado, tras el proceso de embalsamamiento consistía en una procesión hasta la tumba, iniciada por el sacerdote al que seguían los criados que portaban los objetos que se depositarían en la tumba. El sarcófago se arrastraba por un trineo y los vasos canopos por otro. A la llegada a la tumba el sacerdote procedía a realizar el último rito del proceso, que consistía en la ceremonia de “Apertura de la Boca”, en la que se le otorgaba al difunto el uso de los órganos de su cuerpo. En la tumba se colocaba el sarcófago y los ushebtis, además de todo lo que el alma pudiera necesitar para llevar una vida paradisíaca, muebles, amuletos, objetos de lectura, etc. Todos los ritos funerarios están contemplados en el Libro de los Muertos, además de un manual para las almas de los difuntos para ayudar en su camino al más allá y en los juicios de Osiris, más conocido como la psicostasia de Osiris.

Psicostasia o juicios del corazón

El alma, al morir el ser, era conducida al Amenti, donde debía determinarse si era merecedor o no de una vida eterna. Antes de realizarla pedía a su corazón que no le contradijera ante los dioses. Este conjuro generalmente estaba en los amuletos que se ponían entre las vendas de las momias. El juicio se realizaba en la “Sala de las dos verdades” o “Sala de la pesada del alma”. Intervenían 42 jueces, ante los cuales el difunto recitaba la “Confesión negativa” (recogida actualmente en el Libro de los Muertos), es decir, declaraba que no había cometido una serie de actos reprobables que le impedirían ser inmortal. Si el difunto había pecado, el platillo del corazón pesaba más, pero si había sido un hombre justo, su peso era igual al de la pluma. La justicia de los dioses era inexorable. Cuando el muerto era descubierto como culpable, Amit un monstruo con cabeza de cocodrilo y patas de león, lo devoraba. Si no sucedía eso, el dios Shesmu le arrancaba la cabeza y esparcía los trozos de su cuerpo. Si el fallecido había sido un hombre justo, pasaba a estar junto con Osiris al Iaru o llanuras eliseanas, lugar sagrado donde las sombras de los hombres virtuosos y los guerreros heroicos, llevaban una vida feliz, entre campos y sembrados verdes y floridos. En compañía de los dioses, el fallecido llevaría una vida de tranquilidad, envuelto en telas de fino lino, comiendo uvas e higos del jardín divino, pan del granero de las deidades y bebiendo leche de los pechos de las diosas o agua de la fuente de la vida, que era identificada con las fuentes del Nilo.

Simón de Eiré

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