El ideal renacentista

En aquella época, el ideal era la universalidad, la persona que fuera solvente en todos los aspectos. Si se quería llegar a algo, había que ser un artista, un filósofo, un científico y un deportista. De aquí viene la frase “mens sana in corpore sano”. Todo se reducía a alcanzar todas las potencialidades. Un erudito no debía ver mermada su capacidad intelectual por problemas de salud, ni un deportista perder forma física por no conocer bien de que debe alimentarse. Nadie debería ignorar ningún aspecto de su humanidad.

Es paradójico que de la palabra universal surgiera la palabra universidad, porque hoy en día, el ideal es alcanzar la perfección en un único campo muy específico. Nos vemos obligados a escoger una carrera específica y a especializarnos dentro de esa carrera en un campo más específico aún. Una vez fuera del ámbito universitario, nos damos cuenta de que somos unos especialistas inservibles y nos vemos obligados a completar nuestra formación por nuestra cuenta. Es más, se nos priva de experimentar con diversidad de campos para encontrar entre ellos el que más se adapta a nuestra persona. Todos conocemos a gente que se ha encontrado con su vocación con una ya avanzada edad.

Nadie puede decir que no haya experimentado esto. Para hacernos una idea, un ejemplo fácil se da en la enseñanza. Todos hemos tenido profesores buenos y profesores malos. Los profesores buenos no tienen que ser necesariamente los que más saben sobre el tema que están hablando, si no a los que les apasiona la tarea de compartir conocimientos y formar. Es su vocación, y como tal la desarrollan lo más perfectamente posible, pero volviendo a la universalidad de la humanidad, no podrían llevarla a cabo sin conocimientos que compartir. Estos conocimientos, los reciben en la universidad, pero a la hora de dar clase, ya sea en un colegio o en la propia universidad, se encuentran con que son ellos mismos quienes tienen que descubrir las técnicas necesarias para transmitir ese conocimiento.

Pero no hace falta ser universitario para haber vivido esto. También es fácil verlo simplemente entrando a una tienda. Hay vendedores que te enseñan los productos que ofrecen y te dan a elegir entre ellos, es un trabajo sin más. Hay otros, a los que les apasiona el trabajo de vender, que saben lo que necesitas, te lo dicen, te convencen y hacen que salgas de la tienda con una sonrisa y probablemente habiendo gastado más de lo que tenías pensado.  Ese la vocación de ese vendedor es vender, pero para ello tiene que saber evaluar a las personas y conocer muy bien el producto que vende.

Es muy importante entender que las pasiones que tenemos no son inútiles. Hay que desarrollarlas todas, porque por tontas que parezcan todas nos aportaran algo, nos harán más eficientes, más originales en nuestro trabajo y a mayores, nos permitirán verlo todo desde distintos puntos de vista.

En definitiva, tenemos que tener claro que nuestra formación no es perfecta. Una vez en el mundo laboral nos encontraremos con grandes lagunas. Esto no es el fin del mundo, nosotros podemos completar nuestra propia formación por nuestra cuenta, lo importante es ser críticos con la enseñanza recibida para detectar que es lo que falta y completarlo por nuestra cuenta.

Orson López

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