De lo normal y lo raro

Es curiosa la naturaleza humana. Está llena de paradojas que no tienen mucho sentido y se van superponiendo unas a otras a medida que vamos creciendo. El crecer, es formar nuestra personalidad, y se da la casualidad de que en función de la edad que tengamos, queremos una cosa o la contraria.

Cuando somos pequeños, cada uno tiene su propia personalidad, influida únicamente por la familia que nos rodea. Pero a los tres años, vamos al colegio y nos encontramos con un montón de niños que con sus personalidades influyen a la nuestra, que va cambiando. Quiero pensar que es un proceso espontaneo y voluntario, al menos al principio. Más adelante, a finales de la educación primaria y principios de la secundaria, esto cambia. Todos tenemos que ser iguales, lo raro está mal visto y es objeto de burla. Quien es diferente, es acosado. La gravedad del acoso puede variar, pero en ningún caso es agradable. Quien es acosado, para evitar el acoso se amolda a lo que otros quieren de el y procura hacerse lo más invisible posible. Intenta volverse normal.

Este proceso siempre acaba mal, pero pueden ocurrir dos cosas. Una, que la persona en cuestión se convierta en alguien paralizado por el miedo, una persona con la personalidad anulada que procura ser lo más invisible posible. No habla, no juega, no tiene apenas aficiones que requieran relacionarse. La otra opción, es la de la persona que se revela, la persona que no está dispuesta a soportar el acoso y decide tomarse la justicia por su mano en los peores casos, o en los mejores, decide ignorar las burlas y ser quien realmente es.

Pero sin saber muy bien cómo, de pronto, llega la adolescencia. Las hormonas se alborotan y todo el mundo cambia. Los chicos y las chicas se empiezan a interesar mutuamente y es en este contexto, cuando se da la paradoja, porque ahora, todos quieren ser diferentes. Todos corren en una loca carrera por alejarse de la supuesta normalidad. Se visten diferente, se peinan diferente y empiezan a escuchar estilos de música de lo más dispar. Aquí surgen las tribus urbanas, que no son si no otra manifestación de la voluntad de alejarse de lo que es normal.

En este momento, los que antes habían sido acosados, si supieron llevarlo bien, y se revelaron de forma pacífica, se convierten ahora en un referente para los demás.

Por suerte, al madurar lo vemos con más distancia, porque ni el primer proceso, ni el segundo son buenos. Mientras el primero podía destruir tu personalidad, el segundo te puede obligar a hacer cosas que realmente no quieres hacer, como beber o fumar. Simplemente por diferenciarte.

Es una pena, que solo cuando crecemos nos damos cuenta de que el verdadero camino es seguir siendo uno mismo, sin dejarse influenciar por nadie ni por nada, en definitiva, escuchar a nuestro yo interior.

Orson López

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9 thoughts on “De lo normal y lo raro

  1. Yo siempre he sido yo mismo. De pequeño era el raro y no tenía amigos. Ni siquiera en el instituto, porque no iba a discotecas ni salía con chicas. Pero cuando llegué a la facultad, empecé a conocer gente madura, con las cosas claras, y que empatizaban con mi forma de ser. Fue entonces, cuando hice los amigos que tengo ahora y de los cuales me siento muy orgulloso.
    La infancia y la adolescencia son como un parto para llegar a la edad adulta. Un proceso largo y costoso, pero que hay que pasar para convertirnos en la persona que hoy somos y de la que deberíamos sentirnos orgullosos.
    Un abrazo.

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  2. De niño yo fui autista. Esto presentó problemas en la escuela, pero no tantos como el colegio. Los recreos eran sólo para caminar y charlar, y yo sólo tenía 12 años. Se siente uno impotente al ver que la sociedad solo quiere imponer maneras de ser, entre la más buscada, el guapo más “sociable risueño” con un físico de atleta y nada de nerd. Yo no era nada de eso, de modo que yo fui uno de los tantos que tenía que soportar el bullying. Sin embargo, cuando los matones no lograron pasar el curso, me las arreglé para hacer amigos, aunque no se me quitó lo de parpadear con ruidos fuertes.
    Por ende, yo me hice tan raro que no encajaba en ningún grupo social, ni siquiera en los más frikis. Pero es mi manera de ser y no la cambio, ni siquiera si no soy un “marty stu” de la vida real y se rían de mí las mujeres a las que eso no les gusta.
    Diría Diego Torres: “tan solo soy como soy y es asi”

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