Algunos aspectos sobre la cerámica de Tartessos (I)

Generalidades

La cerámica es una de las principales manifestaciones artísticas de este momento (la etapa final de la Edad de Bronce), no solo de Tartessos, sino en general de toda la Prehistoria Ibérica y de Europa. Sin embargo, en el momento que nos ocupa, el Bronce Final, asistimos a una decadencia de la cerámica como principal manifestación artística de los pueblos y civilizaciones del momento.

Esto no impide que haya cerámica, en cantidades estimables, y que, por sus particularidades, bien sea en su factura, bien sea en su decoración, pueda servir como elemento diferenciador de pueblos y civilizaciones, configurando así una manifestación artística que en las excavaciones arqueológicas ayuda a discernir a que pueblo pudo pertenecer un determinado yacimiento; e incluso también sirve como marcador cronológico, con el propósito de determinar la antigüedad, no solo de la pieza cerámica en sí misma, sino también de la civilización o pueblo que la creó.

Por lo tanto, en este sentido, Tartessos no es una excepción en este panorama. Así, en los principales yacimientos propios de esta civilización, se encontraron restos de cerámica únicos, que distinguían a la civilización de Tartessos de otros pueblos de los alrededores, y que ayudaron a situar a esta civilización en un marco cronológico concreto.

La cerámica propia de Tartessos se podría clasificar en tres tipos: el tipo geométrico, el tipo orientalizante, y el tipo gris, siendo el segundo tipo el más importante y en el que más atención y dedicación se presta en este trabajo.

Yacimientos

Hay que citar varios yacimientos de gran importancia, donde se han encontrado restos cerámicos de la civilización tartesia: Carmona, El Carambolo, Cerro Macareno, Setefilla, Montemolín,… pero en este trabajo nos centraremos en el yacimiento de Cerro Alcalá, ya que a continuación de hablar sobre el yacimiento en sí mismo, se han extraído dos piezas cerámicas de este mismo yacimiento: una de tipo orientalizante, y la otra, del Bronce Final, para tener, por un lado, un ejemplo de pieza orientalizante, a partir del cual se pueden extraer las principales características distintivas de esta tipología cerámica del periodo tartesio, y por otro lado, un ejemplo de cerámica del Bronce Final que sirva para hacer una comparación y señalar similitudes y diferencias entre una y otra tipología cerámica.

Tipologías cerámicas tartesias

Cerámica geométrica

Esta cerámica suele realizarse a mano y con torno lento de alfarero. Cronológicamente se sitúan entre los siglos VIII y VI a.C. Encontramos dos tipos diferentes, una oscura grabada con motivos bruñidos, con gran abundancia de platos, cuencos y cazuelas, y otra, conocida como la de El Carambolo (también denominada Guadalquivir I por algunos autores), con decoración pintada (tratada más a fondo en el siguiente apartado). En ambos casos, la ornamentación es de carácter estrictamente geométrico, incluyéndose de vez en cuando figuras vegetales o animales estilizados. El repertorio formal de la cerámica bruñida es muy sencillo, predominan los cuencos y los carretes para soporte de vasos de fondo curvo. Estos últimos son una producción muy característica con forma de diávolo. Normalmente son de color grisáceo o pardo y el bruñido, que se da fundamentalmente en el exterior, da a los objetos un aspecto metálico. El repertorio formal de la cerámica pintada es más rico.

Cerámica geométrica grabada

Se trata de una cerámica de vajilla fina, ya que el acabado de la superficie se realiza con la técnica del bruñido. Es una cerámica grabada, porque las decoraciones se realizan después de la cocción de la pieza, a diferencia de la cerámica incisa, cuyas decoraciones se realizan antes de la cocción.

A veces, los motivos grabados tienen un relleno de pasta roja, que tiene el propósito de realzar los motivos, y de mejorar el acabado. Como su propio nombre indica, los motivos grabados de esta cerámica tienen formas geométricas, sobre todo de sucesiones de triángulos tramados.

Debido a su escaso número, y a la gran dedicación que se da en la fabricación de estas piezas, parece indicar, según diversos autores, que esta cerámica se usó en contextos funerarios, por lo tanto, una funcionalidad sacra o ritual, aunque de momento esto no está demostrado.

Cerámica tipo El Carambolo o Guadalquivir I

La denominación de cerámica “tipo Carambolo”, tiene su razón de ser debido a la gran cantidad de restos cerámicos de este estilo hallados en el “fondo de cabaña” de este yacimiento. Sin embargo, otros autores prefieren usar el término Guadalquivir I, aludiendo al área de aparición cada vez mayor de esta cerámica en zonas alrededor de este río, y argumentando, además, que es un término mucho menos restrictivo que el de “tipo Carambolo”. También se encontraron algunos restos de esta cerámica en Huelva.

Se trataría de una cerámica con una decoración monocroma (roja o castaña rojiza), de líneas rectas, con diseños geométricos de diferente tipología según la forma del recipiente (cazuela, vaso bicónico o vaso grande), que se aplica con pincel sobre una superficie con engobe, alisada o bruñida, y de tonos castaños o negros. Esta decoración, por lo general, se sitúa en bandas horizontales y verticales, que delimitan, a su vez, paneles de distintos tamaños. Hay variantes de la decoración según la forma del recipiente: abierto o cerrado.

En cuanto a su origen, es un tema muy discutido por los autores. Algunos le atribuyen un origen griego, otros, un origen chipriota, y otros, sugieren que se trataría de una evolución de los vasos campaniformes peninsulares.

ceramica tipo carambolo 1

Ejemplo de cerámica tipo Carambolo o Guadalquivir I: reconstrucción de la parte superior de dos recipientes abiertos. Fuente: Ruiz Mata, D.

ceramica tipo carambolo 2

Ejemplo de cerámica tipo Carambolo o Guadalquivir I: reconstrucción de la parte superior de un recipiente cerrado. Fuente: Ruiz Mata, D.

Cerámica gris

El estudio de esta cerámica es controvertido. Cuando se encontraron los primeros restos de esta cerámica en Ampurias en 1949 por Almagro Basch, este investigador pensó que eran restos de cerámica gris griega, y le atribuyó una cronología demasiado elevada.

Ya en las décadas de los 60, 70 y 80, cuando se realizan campañas arqueológicas en el sur peninsular por parte del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, se empieza a reivindicar la figura del pueblo fenicio como uno de los principales pueblos colonizadores de la Península Ibérica, al mismo nivel que los griegos, por lo que se pensó que esta cerámica la pudo traer este pueblo semita.

Desde entonces, los autores que han investigado esta cerámica, se han posicionado en torno a dos opiniones sobre el origen de esta cerámica: habría una posición exógena, que defendería el origen fenicio de esta cerámica (y que incluso apuesta por la presencia de artesanos semitas en aquellos poblados autóctonos donde se ha detectado presencia de esta cerámica), y otra endógena, que apuesta por el origen autóctono de esta cerámica.

Otro problema a tener en cuenta es que la cerámica gris no es un fenómeno exclusivo de la civilización de Tartessos, ya que se han encontrado restos de cerámica gris en gran parte de la Península Ibérica y en el norte de África, si bien es cierto que los restos de cerámica gris se encuentran más abundantemente en el sur peninsular, y siempre aparece mezclada con otras tipologías cerámicas. Se podría especular con la posibilidad de que la cerámica gris tartesia fuese, en realidad, una variedad regional de la cerámica gris peninsular, pero no está demostrado.

Desde un punto de vista tecnológico, se trataría de una cerámica a torno, cocida a fuego reductor, en hornos de alta temperatura. Los pocos hornos cerámicos que se conservan tanto en poblados fenicios como en poblados autóctonos, no aclaran nada sobre el origen de esta cerámica.

La decoración de esta cerámica está poco estudiada. Hasta ahora, la mayoría de las piezas cerámicas analizadas no tienen decoraciones, y entre las pocas que tienen alguna decoración, predomina el bruñido. Tampoco se sabe apenas sobre su funcionalidad, aunque la mayoría de los investigadores piensan que se trataría de una cerámica de mesa.

Cerámica orientalizante

Denominación acuñada por primera vez por José Remesal en su obra Cerámicas orientalizantes andaluzas (1975). La cerámica experimenta importantes mejoras técnicas, como el engobe rojo o la decoración con motivos pintados orientalizantes. Se impone el torno rápido de alfarero frente a las anteriores hechas a mano o en torno lento, que permite un mejor acabado y unas paredes más finas. Se añaden además nuevos repertorios con decoración figurada, animales fantásticos, o flores de papiro y loto. En este trabajo, para analizar a fondo las características de esta cerámica, se analiza una pieza cerámica de este tipo hallada en Cerro Alcalá.

Simón de Eiré

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