Las verdades ocultas

Pecados inconfesables, datos omitidos, mentiras piadosas, amores imposibles,…

Así es la naturaleza de los secretos, tan ambivalente como Jano, ying y yang al mismo tiempo, o tan dual como las caras de un vinilo. En un mundo utópico, los secretos no tendrían cabida, la trasparencia absoluta daría como resultado una buena humanidad, y todos o casi todos seríamos felices.

Pero no estamos en un mundo utópico, estamos aquí, somos los seres humanos, estamos en el planeta Tierra, sometidos a la permanencia en diferentes sociedades imperfectas, pues de momento la sociedad perfecta no existe, y dudo que exista algún día.

Por este motivo están los secretos. Ojalá no tuviéramos la necesidad de tener secretos, pero la verdad es que los secretos forman parte de nuestras vidas, y cada día, en mayor o menor medida, nos jugamos hacer el buen o el mal uso de su conocimiento.

Hay secretos de todo tipo, pero en nuestra mente siempre estará el cuestionarnos el uso correcto de los secretos. ¿Ocultamos algunas verdades para no perjudicar a otras personas o para que no nos estallen en la cara? ¿Debemos decir la verdad siempre a todos y en todo momento? Ante un problema nos hayamos, pues son cuestiones de difícil respuesta. La respuesta, perdida se halla, a la espera de ser encontrada.

Simón de Eiré

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