El alma caminante

Allá va caminando un alma en pena. Camina, camina, y no para de caminar. Tiene un montón de llagas en los pies, pero el alma en pena sigue caminando, pues no hay lugar donde pueda parar mucho tiempo. No le importa si tiene que volver a caminar por algún camino por el que ya anduvo anteriormente, la cuestión es que tiene que seguir caminando.

En compañía de la soledad, aquella alma en pena seguía su camino, sin fijarse un destino, pues eso no le importaba demasiado. No corría, sino que se fijaba una zancada estándar y andaba a un ritmo constante. Asfalto, tierra, hierba, gravilla,… daba igual, el alma en pena caminaba en cualquier tipo de suelo. Una voz que surgía en el aire se dirigió a aquella alma en pena:

-Eh, tú, el del alma

El alma en pena puso cara de sorpresa a la vez que de extrañeza, como pensando que no iba con él eso. La voz insistió:

-Que sí, que estoy hablando contigo, alma en pena
-Ah, ok, que susto me has dado. ¿Y tú quien eres?
-Eso no importa, sólo soy una voz, lo que realmente importa eres tú, vaya lástima que das
-¿Perdón? ¿Por qué lo dices?
-Caminando todo el rato, solo, sin saber muy bien a donde, sin hacer otra cosa,… es un poco triste, ¿no?
-Es lo que he estado haciendo últimamente, porque no sabía muy que hacer, y esto no me daba problemas
-¿Y tus amigos?
-¿Amigos? Oí hablar acerca de eso, pero no los conozco en persona
-¿En serio? ¿Estás de broma?
-¿Por qué iba a mentir?
-Qué triste. Yo es que me voy a apagar dentro de no mucho tiempo, si no, me ofrecía como voluntario para ser tu amigo
-¿Por qué ibas a hacer eso? No me conoces de nada
-Porque es una situación muy miserable para cualquiera
-Ya, pero es lo que me toca
-No sé cómo eres capaz de aceptar la situación
-Pues cuando no hay alternativas, aceptas lo que tienes
-¿Cómo que no hay alternativas? Claro que las hay
-Yo no las conozco
-Que terco eres
-¿A qué vino eso?
-Era por meterme contigo
-Eres muy graciosito, ¿no?
-Alma en pena tenías que ser. En fin, que me voy a apagar, pero te digo que acabo de consultar mi bola de cristal, y acabo de ver un futuro donde tú vas a ser feliz y no vas a estar solo
-Además de graciosillo, optimista. Voz del aire tenías que ser
-Tú no me hagas caso, eh, no vaya a ser
-Yo no hago caso a cantos de sirena
-Bueno, que me estoy apagando. Haz lo que quieras. Encantado de conocerte, alma en pena
-Lo mismo digo, voz del aire

La voz se apagó, y el alma en pena no le hizo mucho caso. Siguió su camino durante bastante tiempo después de aquella conversación con aquella misteriosa voz del aire, pero el alma en pena siguió como si nada hubiese pasado. Siguió y siguió caminando, incluso llegando a un punto en el ya le dolía todo el cuerpo de tanto caminar y apenas le estaban quedando fuerzas para poder continuar.

Al final, acabó cayendo, porque ya no podía más. Cayó, lloró y se entristeció. No podía levantarse de allí. En ese momento en el que apartó las manos de los ojos llorosos, vio una mano tendida hacia él. La mano de otra alma en pena. Con un poco de extrañeza, se cogió de aquella mano, y se levantó. Se hizo una revolución de almas en pena, reivindicando una mejora de su situación, una revolución que acabó triunfando, acabando con la pena de aquellas almas. Y por último, y a modo de hobby, hicieron un blog, con un nombre más que curioso. Aquel blog se llamó de una manera muy especial: De Barbas y Boinas.

Simón de Eiré

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