El show de la bronca

La verdad es que no veo mucho la televisión. Diferentes y múltiples razones hay para ello. A veces la veo los viernes y los fines de semana, malo será que no haya alguna peli o serie un poco decente, o algún programa un poco decente, normalmente yanqui, de comprar vender o arreglar casas, de casas de empeños o tiendas de segunda mano, gente que arregla cosas,… Ah, y por supuesto, al menos hay Zapeando los viernes (y de lunes a jueves también, pero es raro que los pueda ver esos días, salvo en vacaciones), para reírte aunque sea un poquito, y el programa Crónicas Carnívoras (Man vs. Food), se me hace la boca agua cada vez que veo comer al presentador esos platos tan golosos en diferentes puntos de Estados Unidos.

Pero hay momentos en los que no está tan claro que haya algo que te apetezca ver en la tele. Entonces hay que recurrir al zapping e investigar qué es lo que ponen en los diferentes canales. Tantos canales hay ahora, para que, al final, en incontables ocasiones, no haya nada interesante para mí. O los programas que me parecen interesantes que ofrecen a veces en la tele, resulta que los emiten a horas intempestivas. Que decepción, supongo, aunque ahora siempre nos quedará verlos en Internet.

Es a veces en esos momentos que hago zapping, cuando oigo broncas, veo enfados, y a veces resuenan ligeros gritos. El gallinero vociferando en sumo grado, piensas así de primeras. Ah no, que son personas de verdad. Es en las tertulias y en los debates de todo tipo donde se suele presenciar este grotesco espectáculo. Sobre todo son en tres temas típicos de la mayor parte de tertulias y debates de la tele (aunque también se podría extender a la radio): deportes, política y corazón. O como me gusta llamarlos, en un sentido especial: fútbol, la clave, y la clavé (espero no tener que explicar el sentido de esto).

En cualquiera de los tres casos, nos encontramos con auténticos shows donde el morbo de tener a contertulios totalmente opuestos que se griten y se echen la bronca entre ellos parece que no tiene límites. En algunos casos, incluso esas broncas son completamente artificiales, llegando a veces hasta el extremo de ser concertadas previamente, porque parece ser que eso es lo que se vende en televisión en esos programas, y que supuestamente es lo que la mayor parte de la gente quiere ver en televisión cuando ve esos programas.

No voy a decir que esto no sea verdad, ni voy a ser yo nadie que vaya a decirle a la gente que vea o deje de ver los programas que le apetezcan ver, porque cada uno hace con su vida lo que le parece. Tampoco quiero dar nombres de programas de tertulias y debates concretos, porque es una crítica generalizada, y puede ser que exista el milagro de que haya algún programa de este tipo, en algún remoto canal, donde se hagan esas cosas de otra forma.

Pero a mí me gustaría apelar a otro tipo de programas de debate y tertulia. No me refiero al formato de los mismos, sino a las maneras de hacer de esos programas y, sobre todo de sus tertulianos. Es en parte una cuestión de educación y formalidad, pero también es en parte por aumentar el beneficio del espectador. Por supuesto, los programas no se hacen responsables de lo que digan o hagan sus tertulianos y tertulianas, lo vemos constantemente en la letra pequeña de los créditos cuando finalizan dichos programas. Pero son responsables de contratarl@s/llamarl@s para que vayan a dichos programas, lo cual parece que significa a veces que no les importa demasiado si estos tertulianos y tertulianas van a gritar, hacer bronca, insultar, no respetar los turnos de palabra,…

Me compadezco de los moderadores de dichos programas. Lo que tienen que aguantar a veces. Tienen una continencia verbal y una paciencia impresionantes, la mayoría del resto de seres humanos a la media hora de seguir así, soltaríamos algún improperio, gritaríamos y empezaríamos a acordarnos de la ascendencia o descendencia de más de un tertuliano o tertuliana.

Y como sea una mujer la que modera alguno de esos programas, además de tener que aguantar lo que normalmente aguantan todos los moderadores, aún encima tiene que escuchar alguna vez alguna babosada de algún tertuliano, lo cual, además de ser un micromachismo, está fuera de lugar en un programa de este tipo.

Me pregunto: ¿esa es la educación que queremos dar? Porque creo que hoy en día ya no hay duda de que la televisión y la radio influyen mucho en nuestra educación, sobre todo cuando somos más pequeños (sí, soy un nativo de la era digital, sé de lo que hablo).

¿Dónde quedan esos debates en los que aprendías cosas, o te estrujabas la mente hasta llegar a alguna conclusión? Parecen una utopía, ¿no? ¿Cuándo aprenderemos a no hablar por encima de los demás y a respetar los turnos de palabra? Puede ser que con este artículo esté hablándole a las paredes, aunque ello no me quita las ganas de escribir esto, por si cambiamos.

Me gustaría que esto llegase tanto a los responsables de hacer televisión, como a los que la consumimos, para que pensemos y reflexionemos sobre esto, y apostemos, entre todos, por otro modelo de televisión. Porque seguirá siendo la caja tonta mientras la dejemos así. Hagámosla nuestra caja lista. #ChangeTV #Cajalista

Simón de Eiré

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