Pioneros de Égabre – 5

Milos y Albert estaban en su taller. Albert estaba estudiando una idea que había tenido Milos. Todo había surgido reparando el molino con el que convertían el grano en harina. Era un molino enorme, que funcionaba con un motor eléctrico. Como todas las cosas de su asentamiento, no dejaba de estropearse. Era un diseño bueno, pero pensado para funcionar en una industria. Tenía demasiadas piezas móviles y complejas. Milos se había pasado toda la noche dibujando un diseño nuevo, que no se estropeara tanto y cuyas piezas fueran más baratas.

Todo había surgido a raíz de que le negaran la oportunidad de ir a la feria de los Brander. Había tenido una terrible discusión con sus padres y se había encerrado en su habitación. Para ahogar la frustración que sentía, se había puesto a trabajar. Pero ahora necesitaba que Albert le confirmara que lo que había hecho era correcto.

– Milos, esto es fantástico – Dijo Albert al terminar de estudiar el diseño – Maldita sea, creo que no existe un diseño así. Estoy seguro de que si pudiéramos fabricarlo, muchos asentamientos querrían comprarlo.

– Osea, que no podemos fabricarlo nosotros – Dijo Milos decepcionado.

Albert se acomodó en su silla y miró a Milos con pena

– No hijo. Esto está por encima de nuestras posibilidades. Pero es un diseño muy bueno.

– Da igual tío Albert. Si no podemos hacerlo, es solo basura.

Albert se quedó callado, pensativo. Milos, ya se estaba hundiendo en la autocompasión, cuando Albert volvió a hablar:

– Querido Milos, no te tortures. Que no podamos hacerlo nosotros, no significa que no sea un buen diseño. Tienes que comprender que somos un asentamiento agrícola. En Factoría hay grandes fábricas que si podrían llevar a cabo tu diseño.

– Tío, Factoría está muy lejos, además, ¿Cómo voy a ir allí si ni siquiera me dejan acudir a la feria?

Albert se quedó pensando un buen rato más.

– Milos, ¿Alguna vez has pensado lo que quieres ser de mayor?

– No sé, quiero arreglar cosas, como tú – Respondió Milos.

– Pero, tú tienes una capacidad mucho mayor que la mía. ¿No te gustaría, en caso de que pudieras, ir a Factoría y formarte como ingeniero?

– Pues claro, pero eso es caro, y el consejo nunca pagará algo así.

– Tienes razón, pero con este diseño como carta de presentación, probablemente consigas que te admitan sin pagar nada, y con un trabajito aquí y otro allá, podrías mantenerte.

– ¿Tú crees? – Comenzó a preguntar ilusionado – Pero aún queda el viaje. Estamos muy lejos de Factoría y nadie iba a llevarme gratis.

– Bueno Milos, tú sabes que ya soy viejo, y no tengo hijos. Con el dinero que he ido ahorrando a lo largo de los años podría bastar. No te preocupes por eso. Ahora mismo voy a hablar con el consejo para proponérselo – Ante la mirada ofendida de Milos, añadió – Tranquilo chico, ellos no deciden sobre nuestras vidas, pero si te vas, lo mejor será hacerlo desde la feria, y el viaje a la feria si que tienen que autorizarlo.

Albert salió del taller rapidamente. Estaba tan excitado como Milos. Mientras este se quedó en el taller. Intentó ponerse a trabajar, pero no podía concentrarse con nada, así que salió a dar un paseo.

Unos pasos más allá de su taller, se encontró con unos cuantos hombres y mujeres que cargaban grandes rollos de tela en un camión. Solo faltaba una semana para la feria, y había que ir preparándolo todo para el viaje. Se apoyó en la pared a mirar como trabajaban. Mientras lo hacía, no pudo evitar pensar en lo decadente que era todo. Había gran cantidad de cosas que resolvían con músculos. Si Milos tuviera la formación suficiente, podría diseñar una máquina que hiciera el trabajo por ellos, ahorrando un tiempo que podrían emplear en tareas más productivas. Se puso a pensar en otras diez cosas que esas personas podían estar haciendo en vez de cargar los rollos de tela. Las paredes necesitaban una mano de pintura, había mucha lana que todavía no habían tejido por falta de tiempo, incluso podrían estar acondicionando otro pedazo de suelo para el cultivo. Milos cada vez lo veía más claro. Estaban estancados. Con la cantidad de esfuerzo que malgastaban, no podrían crecer nunca. Siempre serían un pobre asentamiento, que tiene que invertir todo su esfuerzo en mantenerse a si mismo.

A Milos le empezó a deprimir ver tanta fuerza malgastada. Se levantó y volvía hacia el taller cuando Albert lo interceptó.

– ¿Cómo ha ido? – Preguntó sin resuello Milos.

– No todo lo bien que me esperaba – Respondió este – Son unos viejos rastreros. Su primera reacción fue negarse en redondo. No te darían transporte hasta la feria, con lo que te quedarías varado aquí. Les recordé todo lo que habías hecho por el asentamiento. Luego, les dije todo lo que podrías hacer por el asentamiento si tuvieras una buena formación. Ni con eso los convencí. Son unos cerrados de mente. Al final, tuve que amenazarles con irme yo también si no accedían a llevarte a la feria. Al final accedieron. Ellos piensan que de todas formas no te aceptarán en la universidad de Factoría, pero se van a llevar un buen chasco.

– ¿Entonces voy a ir a Factoría?

– Sí hijo, ¡Vas a ir a Factoría y vas a estudiar en Factoría!

Silvestre Santé

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