Memoria vs historia (II)

Veamos ahora como se han relacionado memoria e historia a lo largo del tiempo. Uno de los más famosos tópicos del siglo XIX sobre los historiadores (que es cuando nace la historia como ciencia, es decir, la historia como la disciplina científica que conocemos en la actualidad) es que eran grandes recordadores. Otro típico tópico sería el de que la historia es la memoria de la nación. Distintos pueblos construyen traumas artificiales a través de la historiografía que todos tienen que recordar. La construcción del pasado a través de la memoria empezó en la época del Holocausto. Los nazis decidieron que del Holocausto no podía quedar nada, así que esto se vincula con la memoria del pasado. Entre los historiadores hay la noción de creer que se cambia la historia cambiando las palabras, cuando en realidad no lo hacen. Por ejemplo, en la periodización de la historia se fueron creando conceptos como Edad Media, Edad Moderna,… que en el momento en que se crearon tenían sentido, pero ahora ya quedan desfasados y agotados.

Es curioso que todas las culturas del mundo se acuerdan de su pasado. ¿Cómo una cultura que no tiene ningún texto percibe el pasado? Donde no existe registro, utilizan dos procedimientos: en primer lugar, la memoria genealógica, es decir, se reconstruyen familias, en África incluso pueden recordar hasta 20-25 generaciones de estas familias.

A día de hoy, en algunas tribus africanas, todavía existen individuos que son especialistas en recordar esto, se encargan, desde pequeños, de recordar y transmitir todos los antepasados de los individuos de la tribu, es un trabajo que estos individuos van heredando generación tras generación, y lo hacen de manera oral, algo que suscitó mucho interés a partir de la década de los 50 del siglo XX, y que supone el boom de lo que hoy en día denominamos como “historia oral”, es decir, la historia contada por los individuos de manera oral, lo cual supone, necesariamente, el uso de la memoria de estos individuos para contar ese tipo de historia.

También conocen el pasado cuando se pierde la memoria genealógica a través del denominado “tiempo del sueño”, tiempo originario del mundo, al que se accede soñando o volviendo ficticiamente a través de rituales o ceremonias.

Un paso adelante en este sentido, sería la construcción de los calendarios, lo que supone que una cronología histórica sea una construcción cultural, que existen en la mayoría de las culturas, pero se materializan de diferentes modos. El cómputo del tiempo fue creado por razones económicas y fiscales.

También existen otras formas de medir el tiempo de manera más natural, más acorde con los ritmos de la naturaleza, y que lo empleaban algunas civilizaciones antes de usar calendarios: la vigilia y el sueño, el hambre y la sed, el cansancio, el ritmo menstrual en las mujeres, los ritmos de la naturaleza que conocen agricultores y pescadores,… Por ejemplo, en el antiguo Egipto, la crecida del Nilo también se utilizaba como contador temporal.

Ya en las sociedades con escritura, todo esto empieza a cambiar. Con la escritura, aunque es verdad que en un principio nace por motivos contables en Mesopotamia, también se supone que con ella empieza la autoconciencia, y filósofos como Hegel afirmaban que en ese momento era cuando realmente empezaba la Historia. Sociedades como la del Antiguo Egipto ya tenían calendarios para determinar las horas de trabajo, y de ello derivaron muchas ramajoresis, que son una de las primeras formas de huelga laboral de la historia.

Casi todas las comunidades del mundo utilizaban como mes el mes lunar, pero que no se corresponde con el año. Por eso nuestro calendario está ajustado para que estos dos calendarios coincidan. Los egipcios fueron los que crearon el año con un sistema de meses y años para controlar este propósito, pero el trabajo se realizaba basándose en el sol. Los judíos cuentan la cronología a partir de la creación del mundo. Los musulmanes cuando sale Mahoma. Los cristianos a partir del nacimiento de Cristo. Los egipcios, sin embargo, no saben en qué año viven. La historia egipcia se divide en Imperios, dinastías y dentro de estas últimas en mandatos de faraones.

Al mismo tiempo, los historiadores griegos crearon el sistema de las Olimpiadas, que eran cada cuatro años. Cada ciudad tenía su calendario, los meses tienen nombres de fiestas locales y no coincidían entre sí. No hay semanas en el calendario griego. Los historiadores griegos crearon una cronología especial solamente para ellos. Los griegos solamente se ponían de acuerdo para hacer las Olimpiadas en ciclos de cuatro años. Posteriormente se crearon acontecimientos ficticios que establecían el tiempo, como la Guerra de Troya. La semana con un día de descanso la inventaron los judíos, a pesar de que ellos tenían el sábado como día de descanso, que los cristianos cambiaron al domingo y los musulmanes al viernes.

Los cristianos, en el Bajo Imperio Romano, cambiaron el nombre de los días de la semana por primero, segundo, tercero, cuarto,… y que hoy solo se conserva en el portugués, es el calendario cristiano original para evitar el nombre de los dioses paganos. Solamente el domingo es el Domine Dei, el día de Dios. El conocimiento del pasado, en el caso de los campesinos sigue el ritmo tradicional a partir del ritmo cosmogónico. El conocimiento del pasado es nulo, solo el que tenga la memoria oral.

¿Hay historia en el Antiguo Oriente? En el Antiguo Oriente hay registros de los reyes y faraones, inscripciones que casi nadie sabe leer, o textos que se utilizan en la escuela de escribas, cogen el nombre de reyes para ordenar las fechas de los documentos, es decir, hay un uso interno de las fechas, pero no se distribuyen al resto de la población. Existe el calendario, pero no está dividido en períodos como los actuales.

No hay una concepción de conectar con el pasado, aunque tengamos la idea de que podemos conectar emocionalmente con el tiempo pasado. Esta sería la visión normal del pasado en la historia, no hay epitafios en las tumbas. Pero esto no se puede confundir con el hecho de que existen calendarios.

En el mundo griego cambia esto. La historia se empieza a entender como un relato, como una narración sobre los hechos políticos, sobre todo de las guerras. La mayor parte de los historiadores antiguos solo tienen intereses en las campañas militares, pero lo inventan en el sentido de que comienzan a escribirla y la mantienen en el tiempo a través del papiro.

Existen dos clases de narración: homodiegética y heterodiegética. La narración homodiegética es la que hace que el que narra los hechos, vivió lo que está contando, por lo tanto, es un testigo. La narración heterodiegética es que hace que el que narra no ve lo que está contando. El narrador, para poder ser científico, tiene que ser heterodiegético.

Los historiadores antiguos como Herodoto o Tucídides, son normalmente narradores homodiegéticos. Todos los historiadores antiguos empiezan diciendo quienes son, lo que van a describir y porque lo escriben. Los libros de memoria histórica se diferencian de los libros de historia en que el narrador está presente.

Por último, revisemos el uso que se hace del término “memoria histórica” en España. Si se supone que este término hace referencia a una política estatal para conseguir, por un lado, la exhumación y recuperación de los restos mortales de las personas asesinadas durante la Guerra Civil y el franquismo, y por otro lado, la retirada de la simbología franquista presente aún hoy todavía en muchos lugares públicos (destacando especialmente la nomenclatura de muchas calles, dedicada a diversas personas que tendrían algún tipo de responsabilidad o afinidad con el régimen franquista, empezando ya desde el propio Franco, hasta diversas figuras locales del régimen) en diversos lugares de España, hay que insistir en que la memoria no tiene nada que ver con los Estados, la memoria solamente la tienen las personas, por lo que este término no sería, desde luego, el apropiado para designar esto.

Para denominar a esa política estatal, en vez del término “memoria histórica”, el más apropiado de todos los términos sería el de “justicia transicional”, un concepto que se ha desarrollado mucho entre los estudiosos de esta temática desde la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad (dedicaré una entrada a este término próximamente).

En conclusión, hay que tener cuidado a la hora de diferenciar entre memoria e historia y a la hora de utilizar la memoria de las personas como fuente de información histórica, que el hecho de que una civilización tenga o no escritura influye de manera notable a la hora de contar su propio pasado, y que debemos dejar de usar el término “memoria histórica” para políticas estatales, y usar el término más apropiado: “justicia transicional”.

Simón de Eiré

Nota: este texto se basa parcialmente en apuntes de la asignatura de Metodología de la Historia, impartida por el profesor Jose Carlos Bermejo Barrera, dentro del Grado en Historia de la USC (Universidad de Santiago de Compostela)

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