Pioneros de Égabre – 9

Irina estaba apoltronada en una silla saboreando una pinta de cerveza en una de las tabernas de mala muerte que abundaban en la feria. Había ido allí para encontrarse con Sergei, su segundo de a bordo, su mano derecha. Era un experto en rumorología, y sabía poner el oído en los lugares adecuados. Irina aún no sabía que podía haber oído, pero si la había hecho salir de su barco, sería algo importante.

– Bueno Sergei, aquí me tienes – Dijo Irina mientras Sergei se sentaba a la mesa con otra jarra de cerveza – ¿Qué has encontrado?

– Mi bella Irina, ¿Ya quieres hablar de negocios? Yo quería emborracharte esta noche para ver si cambiabas de idea sobre mi proposición.

De nuevo Sergei, como siempre intentaba llevarse a su capitana a la cama. A Irina no le importaba en absoluto, le hacía gracia seguir con este juego, pero como capitana no podía dejarse llevar, así que respondió:

– En tus sueños Sergei. Sabes que no tienes ninguna oportunidad. Además, tengo más resistencia a la bebida que tú. Anda, dime lo que has oído.

– Tú siempre tan sarcástica capitana – Dijo Sergei, recuperando el tono formal de la conversación – He estado escuchando, preguntando aquí y allá a ver si encontraba algo que encajara con tus difusos planes, y antes de que me lo preguntes, no he encontrado nada.

– ¿Qué? No me lo creo, no me habrías hecho venir si no fuera por una buena razón. Suéltalo ya Sergei.

– Vale, pero te advierto que todavía no se muy bien de que se trata, ni si nos interesa. Se trata de un hombre, un científico de Factoría que se llama Brais. Escuché hablar de él a unos hombres de un asentamiento. En realidad se estaban riendo, porque les había propuesto montar una fábrica. Me pareció curioso que alguien quisiera montar una fábrica fuera de Factoría, así que seguí indagando. El hombre parece desesperado. Tiene una idea y quiere fabricarla fuera de Factoría, pero no encuentra a nadie que se quiera asociar con él. He intentado descubrir de que se trataba, pero no ha habido suerte, lo que sí que he descubierto es que ha venido en un carguero de mala muerte desde Factoría, y que tiene un almacén alquilado en los muelles. Me he colado allí, había tres cajas, pero no he podido ver que había dentro sin romperlas, así que me ha parecido más prudente venir a preguntarte como actuar.

– Caray, te has esforzado a fondo – Dijo Irina – Has conseguido mucha información, pero no la más importante. ¿Cuál es su idea?

– No lo sé capitana – Respondió Sergei.

– Vamos a trabajar con la información que tenemos. Es un científico, ha tenido una idea y ha huído de Factoría. Pueden ocurrir dos cosas, o que esa idea se la haya robado a alguien poderoso, o que alguien poderoso le quiera robar la idea.

– Eso he pensado yo – Dijo Sergei – Pero lo he estado vigilando desde lejos, parece demasiado ingenuo como para robarle nada a nadie. Ayer mismo, mientras lo estaba siguiendo, se llevó a su posada a un chaval joven que no tenía donde caerse muerto.

– Con tan pocos datos, no podemos saber si nos interesa o no – Dijo Irina – Lo mejor será tener una pequeña charla con él, en un lugar apartado donde podamos meterle miedo para que lo suelte todo.

– Bien, estoy deseando tener un poco de acción. Pero si quieres hacer eso, será mejor hacerlo cuanto antes. Al haber huído de Factoría se habrá granjeado algunos enemigos, y si yo he podido encontrarlo, ellos también.

– De acuerdo Sergei. Llama a Alexander y a Iván. Necesitamos a dos tipos fuertes para este trabajito.

Ya había anochecido. Irina, junto con Alexander y Sergei estaban esperando en un callejón que Brais tenía que cruzar para llegar a su alojamiento. Ivan le estaba siguiendo para asegurarse que nada saliera mal. Los tres estaban tensos, esperando la llegada de Brais. Estaba empezando a helar y su aliento se condensaba formando nubes alrededor de su cara. Ya se estaban impacientando, cuando Brais entró el callejón. Los tres se movieron para cerrarle el paso, y Brais se detuvo a unos metros de ellos. Estaba a punto de dar la vuelta y echar a correr, cuando apareció por detrás Iván y le golpeo con una pequeña porra en la cabeza para noquearle. Enseguida todos se movieron. Alexander e Iván le cogieron cada uno por un brazo para que no se derrumbara, pero Brais seguía consciente. Sergei le echó una botella de vodka por encima, ya que si iban a llevar a alguien a rastras, mejor fingir que estaba borracho. Por último, Irina le dio una bofetada en la cara para despabilarlo y le dijo:

– Vas a venir con nosotros, vas a tener la boca cerrada y no vas a armar ningún alboroto. Si nos causas el más mínimo problema te mataremos.

Tras amedrentarlo, Irina se fue a un aparte con Sergei, que le hacía señas.

– Hay un problema – Le dijo este en susurros – No lleva el ordenador ni ningún papel encima, debe haberlo dejado en su habitación.

– Bien – Dijo Irina – Le preguntamos y vamos a por ello. ¡Eh tú! – Gritó dirigiéndose al confundido Brais – Dime donde has dejado tus cosas. ¿Están en tu habitación?

– S-sí – Respondió el aludido – Las tiene Milos.

– Milos debe ser el muchacho que recogió ayer – Le dijo Sergei a Irina – Si vamos a la habitación y nos ve, será mejor no dejar testigos, tendríamos que llevárnoslo con nosotros.

– Tienes razón Sergei. Iré yo, si es un muchacho no será difícil de engañar, y vosotros lo asustaríais. Mientras tanto llevad a este al Valkiria, lo interrogaremos allí.

Silvestre Santé

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