El genocidio desde un punto de vista histórico (III)

Siguiendo con Lemkin y su obra, la experiencia armenia ayudará al desarrollo por parte de este autor del concepto de genocidio. Las nacientes Naciones Unidas llevaron el concepto de genocidio a la categoría de crimen de carácter universal, de ahí su fama. La formulación legal conceptual de este genocidio es la culminación de un proceso largo de lo que se llama el “derecho internacional humanitario”.

Al mismo tempo, aparece la idea de establecer un marco de protección de las víctimas de los abusos que además se excede las circunstancias, historias y características nacionales o estatales, que fuese a nivel internacional. Este derecho internacional humanitario aparece con la convención de Ginebra, en el año 1864, que se centrará en la defensa de los derechos de los prisioneros de guerra, tratándolos con dignidad, devolviéndolos a sus casas,…

Después tendrán importancia también los Congresos de La Haya, hacia 1899. Estos congresos establecen la llamada “cláusula Martens”, llamada así por el nombre del delegado ruso. Esta cláusula dice que ante la falta de existencia de un código de normas más específico para tratar todos los casos en los que se puede encontrar la población en una guerra, establece que todos, tanto beligerantes como no beligerantes, van a estar protegidos por normas de humanidad, que presenten sus derechos fundamentales. Serán firmados por todas las potencias importantes. Fueron vulnerados en muchas ocasiones, pero también gracias a ellas, muchas personas serían salvaguardadas.

En una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1946, las ideas generales sobre el crimen. El genocidio supone privar a un grupo de personas al derecho a la vida. Dos años después se sanciona la definición de genocidio que establece con más precisiones todas las diferentes categorías de violencia que cuando son dirigidas contra el propósito de eliminar un grupo social como tal, adquieren ese carácter genocida. Tiene aquí una gran importancia el proceso de los juicios de Núremberg.

Cuando hablamos de crímenes contra la humanidad, explicamos toda una serie de actos violentos que van desde el homicidio intencionado, hasta la desaparición forzada, tortura,… cuya característica es que se cometen de forma indiscriminada y sistemática contra la población civil, tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz.

Emerge con fuerza, por otro lado, la denominación de crímenes de guerra, referida a aquellos actos que en un contexto específico de guerra violan los acuerdos internacionales, las llamadas leyes de la guerra, que suponen, por ejemplo, la prohibición de un maltrato sistemático e intencionado de los prisioneros, del uso de armas prohibidas, del uso de la población civil como rehén de guerra,…

Además de estos dos conceptos, el genocidio aparece con una serie de características que lo hacen específico. El genocidio tiene la intencionalidad de destruir a un grupo humano como tal, como colectividad. Esto hace que las víctimas sean víctimas precisamente por pertenecer a este grupo, independientemente de lo que ellas hicieran como individuos. Serán considerados enemigos por pertenecer a este grupo. Desde los principios de la aparición del término, existió el debate sobre que grupos se podían incluir dentro de esta formulación.

Simón de Eiré

Nota: este texto se basa en apuntes de la asignatura de Guerra, Violencia y Memoria en el siglo XX, impartida, en este caso, por el profesor Antonio Míguez Macho, dentro del Grado en Historia de la USC (Universidad de Santiago de Compostela)

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