El genocidio desde un punto de vista histórico (IV)

Cuando Lemkin define este concepto, no estableció ningún tipo de delimitación, ya que cualquier grupo humano definido por cualquier motivo religioso, político, racial, étnico,… que se quisiese exterminar como grupo, sería víctima de un genocidio. Así efectivamente lo recogerá la I Resolución de las Naciones Unidas del año 1946.

Entre esta primera resolución y la convención del año 1948, hay un cambio muy significativo de la consideración de genocidio. Se va a restringir la definición de genocidio al exterminio o eliminación sistemática por motivos de raza, etnia, religión o nacionalidad. Los grupos culturales o políticos quedan excluidos entonces. Esto no sucede de manera accidental, sino que es el resultado de las negociaciones para llevar a cabo un acuerdo. Hay que recordar que la Guerra Fría estaba naciendo ahora. El bloque del Este tenía miedo a que se incluyese a los grupos políticos en esta categoría.

Diversos organismos consideraban también que la exclusión de los grupos políticos era necesaria, ya que había que encajar el término de genocidio más acorde al grupo judío, más relacionado con la raza o la religión. Hasta hoy hay una discusión acerca de esta exclusión de algunos grupos que altera el potencial interpretativo del concepto. Hoy en día incluso se abusa de este término, usándolo en situaciones que no se debería. La definición inicial sería más válida que los acotamientos posteriores.

El profesor Gregory Stanton definío ocho estados de genocidio. En contra de lo que se puede entender, un genocidio es una práctica que tiene una temporalidad que va más allá de lo que es el exterminio físico de unos determinados individuos. Stanton habla de estas etapas como un síntoma de que algo va a suceder. No obstante, aunque habla de estos períodos, no quiere decir que suceda siempre así.

Primero: clasificación, que Stanton define como “la diferenciación entre nosotros y ellos”. Esto es particularmente muy fácil de ver en sociedades que son de por sí muy polarizadas y segmentadas. El habla, por ejemplo, de Ruanda o Burundi como ejemplos de sociedades bipolares, en las cuales existía muy poca relación y mezcla entre población tutu y tutsi, y en la cual no se trabajó en el entendimiento entre estas comunidades. Algunas instituciones religiosas o culturales tampoco actuarían como unión, ya que tendrían un modelo para cada grupo.

Segundo: simbolización. Esto implica que además de la existencia de estas categorías de nosotros y ellos, se asocian a ellas una serie de nombres, símbolos, para identificarlos de manera más tangible. Esto supone el uso de nombres genéricos como “judíos” o “gitanos”; diferenciarlos por algún tipo de ropa o color que permita identificarlos en un grupo (estrellas amarillas de los judíos, bufandas azules usadas en Camboya para identificar a los enemigos de la revolución, tatuajes,…).

Tanto la clasificación como la simbolización, son procesos muy comunes en todos los contextos. Los hacemos casi a diario. Lo particular es que en un genocidio adquieren una lógica dentro de una intencionalidad y de una secuencia. Ambas fases no tienen que desembocar necesariamente en un genocidio sin la siguiente fase.

Simón de Eiré

Nota: este texto se basa en apuntes de la asignatura de Guerra, Violencia y Memoria en el siglo XX, impartida, en este caso, por el profesor Antonio Míguez Macho, dentro del Grado en Historia de la USC (Universidad de Santiago de Compostela)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s