El “Giro lingüístico” (desde el punto de vista de la Historia)

El “Giro lingüístico” establece la profunda significación que tiene la aparición de los métodos lingüísticos en el desarrollo de los análisis acerca de la historia, llevada a cabo por lingüistas o por historiadores. Esa línea de trabajo es muy novedosa en los años 60-80, y aparece muy relacionada con el desarrollo de la lingüística a partir de la obra de Ferdinand de Saussure, pero también de la semiótica, la teoría literaria y la sociolingüística.

Roland Barthes, Umberto Eco, Gaston Bachelard, Jacques Derrida o Michael Foucault son autores básicos para el desarrollo de las propuestas lingüísticas. Foucault en obras como “Arqueología del Poder” o “Las Palabras y las Cosas”, sitúan la consideración del texto a partir de dos visiones diferentes. Derrida parte de la idea de la descomposición del texto y sobre todo el entendimiento del autor del texto como lector del mismo texto, dando prioridad a la lectura y comprensión antes que a la elaboración del texto.

Los textos serían posibilidades de interpretaciones abiertas (no importa tanto lo que el autor nos quiere decir sino lo que nosotros percibimos). Los textos más importantes y transcendentales son aquellos que mantienen abiertas sus posibilidades de revisión y pueden ser revisitados a lo largo del tiempo, de tal manera que siempre tengan algo que decir. Foucault parte de una consideración diferente porque establece la noción de discursos y plantea una consideración de los contenidos a partir del análisis de los discursos.

Por otro lado, la visión lingüística se perfecciona y se desarrolla a partir de las propuestas de los autores que estudian la Hermenéutica. Los hermeneutas consideran que los textos, dentro de su contenido y narración, cuentan cosas y establecen el sentido de las mismas. No solamente están las palabras, sino también las ideas. La hermenéutica es una ciencia que busca desentrañar el contenido de las ideas que se sitúan por debajo de la textualidad. Gadamer considera que los textos pueden ser analizados en una reformulación continuada. Ricoeur, analiza la relación entre el análisis de la textualidad y la historia en dos obras: Historia y verdad, y La memoria, la historia y el olvido.

Tiene su origen en una perspectiva muy potente en el mundo anglosajón: los estudios metahistóricos, a partir de la obra de un teórico de la literatura e historiador: White, que elabora un tipo de conocimiento, de interpretación del análisis historiográfico: la Metahistoria: consideración del análisis narrativo de los textos históricos, puesto que considera que los historiadores son fundamentalmente narrativistas porque el desarrollo de la historia es el desarrollo de un presupuesto narrativo y no existen metodologías históricas sino diferencias de giros lingüísticos. Intenta reducir todo lo que son los contenidos de la historia a un ejercicio literario. Es una perspectiva muy novedosa para el momento en el que surgió, e incide muy fuertemente en el desarrollo de toda una línea lingüística procedente del mundo anglosajón.

Con White, hay otro autor que se mueve en su línea, pero con diferencias: Ankersmith, profesor de universidad y catedrático de Teoría de la Historia, que pretende renovar las propuestas del historicismo, autor de la única línea de trabajo seria y coherente que ha producido en el ámbito de la contemporaneidad: el Neohistoricismo, partiendo del desarrollo de una filosofía narrativa de la historia e intentando desarrollar una crítica narrativista de la historia. En ese sentido, son propuestas semejantes pero mucho más lógicas que lo que realiza White. Después evoluciona, y se va a analizar lo que él llama la “experiencia histórica”. Ankersmith se acerca al espíritu de las fiestas conmemorativas, porque considera que una parte del estudio histórico se puede desarrollar desde un punto de vista perceptivo, y para eso parte de la consideración de cierta historiografía romántica, y sobre todo de la obra de Huizinga, que describe lo que él llama “Percepción Histórica” o “Contacto Histórico”.

Esa experiencia histórica puede venir de un fragmento de un viejo texto, una experiencia, una canción,… que permite a partir de romper el contexto de su propia existencia como tal, el contacto directo e inmediato del historiador con el pasado. El historiador, dice Ankersmith, en ese momento no es veraz, tiene una percepción auténtica.

Jenkins, profesor de universidad, muy influenciado en primer lugar por los planteamientos de White, intenta revisar el estatuto epistemológico de la historia en claves posmodernas para acercarlos a la contemporaneidad. Dice que en su propuesta intenta plantear un acercamiento al pasado de carácter relativo, muy condicionado por la diversidad cultural y una visión del mundo postcapitalista, frente a lo que él caracteriza como mayoritariamente neoempirista y antiteórica (en referencia a la actitud de los historiadores). Entiende particularmente que el historiador interviene en el discurso público que, de algún modo, ejerce una actividad política. Y defiende básicamente la desaparición de la historia como forma de conocimiento tal y como se elabora en el siglo XIX para ser sustituida por los ejercicios de la memoria.

Simón de Eiré

Nota: este texto se basa en apuntes de la asignatura de Tendencias Historiográficas, impartida por el profesor Santiago Jiménez Gómez, dentro del Grado en Historia de la USC (Universidad de Santiago de Compostela)

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