La vida en el oscuro abismo

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Corría el año 1977 y la comunidad científica estaba intrigada por las profundidades marinas. Hasta el momento nadie había bajado a un abismo marino, pero en ese año, el instituto oceanográfico Woods Hole se decidió a llegar a las profundidades más ignotas de nuestro planeta. Para ello construyeron un millonario submarino, tripulado por tres personas que podía descender hasta 2400 metros por debajo de la superficie. Tras meses de entrenamiento y preparación viajaron hasta las galápagos para investigar su enorme abismo marino. Les intrigaba especialmente un fenómeno volcánico, las chimeneas negras. Por supuesto se llevaron todo lo necesario para investigarlas, geólogos, oceanógrafos, físicos, pero ningún biólogo, no había necesidad, al fin y al cabo iban a bajar hasta los 2400 metros, a esa profundidad no llegaba la luz del sol, por tanto era imposible que hubiera vida. Sí, se hipotetizaba que podría haber alguna bacteria que aprovechara la materia orgánica que precipitaba desde la superficie, pero nada más, nada lo suficientemente importante como para que fuera necesario un biólogo. Que equivocados estaban.

En cuanto bajaron vieron como ante los focos de su submarino se revolvían montones de cangrejos, gusanos e incluso una nueva especie de pulpo. ¿Cómo era eso posible? A esa profundidad no llegaba ni el más diluído rayo de sol. Pero, citando a Jurasic park “la vida se abre camino”.

Era cierto que no existía luz allí abajo, pero la luz no es la única manera de obtener energía. Lo que estaba ocurriendo es que las chimeneas negras expulsaban agua muy caliente, que arrastraba consigo minerales reducidos, es decir, ricos en electrones, como el ácido sulfídrico. La reacción de oxidación de este compuesto es altamente energética, el carbono lo obtenían del CO2 disuelto en el agua, y utilizaban el oxigeno como aceptor de esos electrones. Esta forma de metabolismo se llama quimiolitotrofía, en contraposición con la fotolitotrofía de las plantas, ya que estas utilizan como fuente de energía la luz mientras que las bacterias presentes en estas chimeneas negras utilizaban compuestos químicos.

A partir de ahí se había desarrollado un ecosistema normal, como cualquier otro ecosistema conocido, con la diferencia de que sustituímos las plantas por las bacterias oxidadoras del azufre.

En la siguiente década los zoologos y microbiólogos se frotaron las manos. Tras décadas de pesimismo en las que se pensaba que todo estaba descubierto, aparece algo completamente nuevo y se empiezan a clasificar montones de especies nuevas y desconocidas hasta entonces, pero las chimeneas negras aún guardaban una nueva sorpresa.

Hasta entonces se pensaba que aquello no era más que otro capricho de la vida, una adaptación al más extremo de los ambientes pero al parecer, la realidad es completamente distinta.

La teoría sobre el origen de la vida más vigente hoy en día dice que la vida se originó precisamente en esas chimeneas negras, con ese extraño tipo de metabolismo y que todo el resto son variaciones y adaptaciones con respecto a eso.

Una vez más, la vida sorprendió a todo el mundo, apareciendo allí donde menos se esperaba, y poniendo patas arriba todo lo que se conocía hasta entonces. Si se ha encontrado vida allí abajo, ¿Sera posible encontrar algún lugar libre de la más humilde bacteria?

Silvestre Santé

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