La no primavera

Estamos en esa maravillosa época del año en la que con alegría miramos el calendario y nos damos cuenta de que ya ha acabado el invierno. ¡Maravilla! Parece imposible que los días de la eterna noche y el frío se hayan acabado. “¿Seguro que no es cosa de embrujo?” piensas preocupado. Como no quieres hacerte ilusiones vanas vuelves al calendario para comprobar de nuevo la fecha y efectivamente ¡El invierno ha terminado!

Sin todavía terminar de creértelo te estrujas el cerebro para intentar recordar que venía después de la gélida estación y descubres con asombro que llega la época del sol, la época de empezar a llevar falda y pantalones cortos, la época de enamorarse y retozar por los jardines. Con regocijo acudes a tu armario para vestirte y con esfuerzo apartas las pesadas prendas de invierno para acceder a esa parte olvidada de tu armario donde guardas la colorida y ligera ropa de verano. Escoges lo mejor, ligero, cómodo y es imprescindible que sea colorido ¡Hay que olvidar el triste invierno!

Antes de salir de casa te metes en internet y ves que todo el mundo habla de lo mismo, hemos cambiado de estación y hay que celebrarlo. Todo el mundo está tan emocionado como tú y no puedes evitar que se te pinte una luminosa sonrisa en la cara. Te levantas para salir de casa y en el recibidor estiras la mano para alcanzar tu baqueteado paragüas, que descansa en el paragüero. Es un gesto automático, un reflejo que llevas ejecutando desde hace meses todos los días. Era un instrumento imprescindible para salir de casa, hasta hoy ¡Ya es primavera!

En fin, una última alegría al salir de casa. En cuanto cruzas el portal te das cuenta de que quizá escogiste un look demasiado ligero. No hace el frío del invierno, pero tampoco hace calor. Con un ligero resquemor hacia la primavera te encojes de hombros y se lo perdonas, porque hay un sol radiante en el cielo. Todo va bien, más o menos, sigue siendo primavera. A medida que avanzas por la calle ves como las nubes se van haciendo más oscuras y densas. Te da mala espina, pero sigues convencido de que es primavera, “Todo va bien” te repites una y otra vez. En cuanto llegas a tus quehaceres ves por la ventana como de nuevo luce el sol en todo su esplendor y te alegras, vuelves a confiar en la primavera. El día avanza y llega el momento de volver a casa, de nuevo brilla el sol pero sin previo aviso, y sin saber muy bien como te cae un chaparrón encima. Genial, una maravilla, lo peor es que ese calor prometido no es más que una promesa, hace un frío que pela y tú no llevas ni una triste chaqueta. Al final iba a tener razón tu abuela con eso de que hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, porque esta época es lo que tiene, según el calendario es primavera, todo el mundo dice que es primavera, los días son tan largos como en la primavera, pero sigue lloviendo y haciendo frío, por no hablar de que el viento no amaina. Pero es peor que eso incluso, porque no es simplemente que haga el frío del invierno, si no que la climatología te engaña. Te levantas y ves por la ventana el sol brillar, te confías y vuelves a casa con el moco colgando. Al día siguiente hace un tiempo terrible y te abrigas, solo para encontrarte sudando a las pocas horas. Sin duda una época terrible, pero aún hay esperanzas, porque como dice el refrán, un marzo ventoso y un abril lluvioso dan un mayo florido y hermoso.

Silvestre Santé

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